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Calle Alonso Cano, seis de la tarde,

Calle Alonso Cano, seis de la tarde. Es casi noche. Las luces de la calle y de los comercios encendidos. Los coches pasan poco a poco, con pereza, mientras sus dueños se impacientan por el atasco, el rojo del semáforo, los peatones cortando el paso. Hay poca gente transitando a pie, hace mucho frío. Nuestro involuntario protagonista es un hombre normal, nada especial que le distinga del resto del mundo salvo su actitud un tanto misteriosa. Se acerca medio disimulando a un coche y deja caer, con cierto disimulo, dos trocitos de papel rojo. Piensa que nadie la ha visto, parece avergonzado por lo que ha hecho. Se envara al escuchar la vos de una señora mayor despotricando en alto, casi en un grito. Al principio, el no sabe de qué habla, no escucha bien pero, conforme se acerca oye claramente que se dirige a él y lo que acaba de hacer. "....este civismo, como si no hubiera papeleras, los imbéciles tirando los papeles al suelo, una vergüenza, lo que había que ver, así va el mundo por...

Lo reconozco, me despiste una vez más

Lo reconozco, me despiste una vez más. No doy aprendido en la clase que tengo y los alumnos a los que trato de enseñar alguna cosa. Una llamada inoportuna, la visita a la secretaria de la escuela para dos papeles y… ¡zas!...la sorpresa, la emoción. Estamos con áreas de polígonos, nada del otro mundo, si ya lo han dado los cursos anteriores. Justo con el trapecio y tratando de explicar de dónde sale la formula aunque no la aprendan, ya sabéis… ¡ah! ¿No?, pues esa de base mayor mas base menor divido por dos y multiplicado por la altura. Ya os digo trataba de que supieran someramente de donde viene esa fórmula cuando sonó mi móvil y mi viajecito, cinco minutos a la secretaria, no mas, de verdad. Deje encargada a Mara de la clase aun sabiendo la inutilidad de la misma paro no hay mucho donde elegir. La contable me demoro un poco más de la cuenta y los cinco minutos se transformaron en diez o algo así, poca más o menos. Regrese y torcí el gesto cuando veo a Mara fuera de la clase como...

Una historia de invierno.

Una historia de invierno.   Os lo cuento tal como paso, no omito nada y nada añado. Es invierno. Mes de enero ó febrero. Noche oscura amenazando lluvia. Invierno, es la hora de la cena. Todos reunidos en la mesa del comedor, cenando...!no es lo más importante¡.  El reloj da la alegre campanada de las “medias”, son las diez y media de una oscura noche de invierno. Pero no están todos en la casa. Solo está la madre y sus cinco hijos. Falta el padre a causa de un largo viaje de trabajo por esas largas rutas de España, algo de chatarra y barcos. La casa está llena de risas, codazos, ruido de masticar o sorber ruidosamente, insultos leves, ruidos, peleas entre bocado y bocado, alguna llantina de los pequeños, algún cubierto que cae de la mesa... De pronto alguien llamó a la puerta, sonaron tres golpes, lentos, fuertes, secos y profundos, como con eco, resonaron por toda la casa. Se hizo un silencio sepulcral en la habitación. Nadie se movió o hablo hasta que el mayor, c...

Una simple mirada….

Una simple mirada…. Capítulo I. Camino al trabajo, el encuentro fugaz. Todo empezó con una simple mirada en el metro. Le faltaban dos estaciones para llegar a su destino cuando vio, más bien sintió o noto, con un cierto cosquilleo, una mirada fija en ella. Sonrió para sí misma. Estaba acostumbrada a que los hombres la mirasen, no estaba nada mal y su cutis perfecto, sus grandes ojos, su melena rubia de bote   y su aire un tanto aniñado la hacían objeto de la atención masculina allí donde fuera. Un cierto repelús le entro por la espalda. No le gusto. Se volvió lentamente, acomodando la posición del cuerpo al amarre en la columna y lo vio a   unos tres metros de ella…desaliñado, con barba poblada y sucia, con su cartón de vino peleón en al mano y una sonrisa tópica y lasciva, sus ropas desaseadas y rotas….le dio asco…el escalofrió le volvió y ascendió por la nuca…volvió los ojos levemente hacia el tipo y noto que le estaba mirando la mejilla izquierda, con una fijación com...

Un incidente de perro, joven y viejo.

Un incidente de perro, joven y viejo. Por la tarde en un calle amplia, bajo un cielo azul y nada frio; un descanso entre temporal y temporal. Es una buena hora para sacar a los perros, con sus dueños pululando por todos lados y haciendo sus necesidades. La joven,   no tan joven, unos treinta años,   bien vestida, elegante sin dar el cante, sin pasarse. Su perro un joven cocker, distraído y juguetón, nervioso, no para. Va con una señora oronda y un poco mayor, sudamericana parece, que lleva de la correa un perro palleiro y tranquilo, muy tranquilos, pachorriento y viejo. En el cruce de una calle son rebasados por un señor mayor, que camina bastante rápido, ligero y con prisa. El cocker se suelta y se lanza contra la pierna de este señor, la   que está más cerca de su boca. Le clava en el pantalón las uñas y le muerde. La joven se da cuenta y tira de la correa haciendo que el perro le suelte. -¿Ha visto lo que me ha hecho su perro?-le increpa el señor tocando la pie...

Está sentado en la mesa de la cocina

Está sentado en la mesa de la cocina, con aire ausente, la mirada perdida en la silla vacía del otro lado. En su lado un plato con la pobre cena de esta noche. Un vaso rojo de cristal medio lleno es la única nota de color de la mesa.   En frente, en el otro lado, con una silla vacía, sobre la mesa de formica blanca, un plato vacío, unos tenedores y un vaso también vacío.   Cada vez que lleva algo a la boca siente como una puñalada en el hígado. Come sin ganas, mirando el   asiento vacío de enfrente.   La echa de menos. Ya pasaron más de dos años pero sigue echándola de menos. No le perdona el que se hubiera ido sin el.   Para él, el dolor no es de ese insulso músculo que es el corazón. No. El dolor es algo muy complejo, hecho de extrañas combinaciones químicas, de hormonas, de proteínas, de feromonas, de ácidos y peaches que se combinan y destruyen, de potasio y hierro, combinado todo con unos porcentajes de ausencia. Por eso el corazón,   c...

Canción infantil en el metro de MADRID.

Canción infantil en el metro de MADRID. Toda una pequeña sorpresa. El pasado miércoles, ya de noche, de recogida, no muy tarde todavía,   a la salida del Parque de Atracciones de Madrid. En el metro. No serian más allá de las diez y media. Cogimos el metro en “Batan” rumbo a “Tribunal” donde haríamos trasbordo. Variopintos pasajeros, la   multiculturalidad de gente en el vagón, casi todos ya medio dormidos. La fatiga asomando a los rostros que las luces les hacen parecer muy pálidos, casi cadavéricos. Dos crías de aspecto oriental, chinitas, vamos, muy peinaditas, risueñas, se separan de sus padres y se sientan una enfrente de otra y se ponen a dar palmas y a cantar…todos nos quedamos mirándolas y oyéndolas, recordando otros tiempos un tanto lejanos en que esas canciones infantiles nos llenaban; una parte importante de nuestra cultura un tanto perdida hoy en dia: Don Federico perdió su cartera, para casarse con una costurera, la costurera perdió su dedal, para cas...