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Canción infantil en el metro de MADRID.

Canción infantil en el metro de MADRID. Toda una pequeña sorpresa. El pasado miércoles, ya de noche, de recogida, no muy tarde todavía,   a la salida del Parque de Atracciones de Madrid. En el metro. No serian más allá de las diez y media. Cogimos el metro en “Batan” rumbo a “Tribunal” donde haríamos trasbordo. Variopintos pasajeros, la   multiculturalidad de gente en el vagón, casi todos ya medio dormidos. La fatiga asomando a los rostros que las luces les hacen parecer muy pálidos, casi cadavéricos. Dos crías de aspecto oriental, chinitas, vamos, muy peinaditas, risueñas, se separan de sus padres y se sientan una enfrente de otra y se ponen a dar palmas y a cantar…todos nos quedamos mirándolas y oyéndolas, recordando otros tiempos un tanto lejanos en que esas canciones infantiles nos llenaban; una parte importante de nuestra cultura un tanto perdida hoy en dia: Don Federico perdió su cartera, para casarse con una costurera, la costurera perdió su dedal, para cas...

Lo vi venir a lo lejos

Lo vi venir a lo lejos. Solo un hombre, un   pobre hombre incomprendido y zarandeado por la vida, destrozado por la búsqueda y la esperanza, que siempre es lo único que le queda, de encontrarla. Serian las dos de la madrugada en la Dehesa. Allí estábamos toda la panda. Los cinco de siempre nada más que con nuestras botellas de vodka y la coca cola como una simple excusa; algún petardo en el bolsillo pues el resto ya estaba fumado y bien fumado. Las sombras de los árboles del parque y la noche en si nos creaban el ambiente necesario de complicidad y dejadez. Estábamos en las sombras, éramos sombras. Decíamos tonterías, y nos reíamos de más tonterías. Maduro, en los cincuenta y tantos o algo más, bien vestido con su camisa azul de manga corta, pantalón vaquero y unos zapatos del montón. Más bien grueso, de buenas espalda y llena su cara de arrugas que le daban un toque hasta distinguido, del abuelo que todos quisiéramos tener algún día. Primero pasó por el grupo de los gitanos....

Ha dicho que quiere ser de los malos.

Ha dicho que quiere ser de los malos. Me explico, os explico. Tan solo tiene seis años y es un encanto de crio. Formal, estudioso, inteligente, educado, deportista, un niño que definiríamos como buenecito. Una delicia con pantalones cortos. También es tozudo como una mula, cuando dice que no pues imposible o casi; como con las gafas que no se las pone ni para presumir. Todas las niñas del colegio quieren jugar con él, normal, un niño normalito, con alguien así que no le pega, ni les tira del pelo, ni las empujan, ni les hace trastadas. Un poco de agobio si debe sufrir el pobre. Pues, de pronto, ha dicho que este año se va a portar mal, que ya no aguanta a las niñas tras él; que se portara como los malos para que lo dejen en paz, que así vivirá mejor y estará más tranquilo. Nos ha dicho, muy serio el,   que va a pasarse al bando de los malos, que está seguro que se lo pasan mucho mejor, que sí, que tienen muchos castigos y siempre están con los deberes para aquí y para all...

Desahucio. (2017)

Desahucio. No valoramos las cosas hasta que las perdemos o nos las quitan. Pasa, en menor medida, con la electricidad y  luz de la casa. Está ahí, la usamos, abusamos de su uso incluso pero un simple corte por unas cuanta horas nos desconcierta, nos hace débiles y comprobamos cuanto dependemos de la misma. También es cierto que cuando hay un corte nunca nunca se sabe cuánto va a durar y empezamos a preocuparnos por la comida del congelador y mil cosas más. Un detalle curioso es que ya casi nadie tiene las velas de rigor para emergencias, quizás alguna linterna ( a veces de los críos, como un juguete) y poco más. Además esta una mentalidad equivocada que tenemos y nos metemos en la cabeza. Me explico, ante un caso similar, a la hora de la cena, mi hija me dice que vayamos a cenar a algún sitio pues no podemos prepara nada en la cocina. Yo le digo que no, que es mucho gasto inútil, que haremos unos sándwiches fríos y unas cuantas velas en la mesa y quedara bonito y curioso. Le gu...

Prometí, un día, contar....

Prometí, un día, contar la historia mágica de mis abuelos, por parte de madre. Aquí va.   Mi abuelo se llamaba Federico, estaba emparentado de forma directa con los Marqueses de XXXXX de XXX de quienes, decía el, era el primogénito y heredero. Si queréis un semblante de él, el de un típico gentleman ingles, educado, culto, serio con una pizca de humor. Sabia de todo, un hombre culto, con respuestas para todo y un ingles perfecto. Mi abuela se llamaba Maruja y era todo lo contrario, una mujer de pueblo, más bien grandota, basta, un desconocimiento de todo pero una buena ama de casa, sobresalían unas manazas inmensas con las que amasaba el pan. Maruja adoraba a su marido, lo llevaba en palmitas, lo atendía con un mimo casi enfermizo y él se dejaba hacer.   A mi abuelo Federico lo tengo asociado con su enorme y valiosa biblioteca en su despacho de mesa de caoba tallada a mano que era su posesión mas preciada, tenia varias ediciones maravillosas del Quijote, un joya ilustr...

Saber mi lugar…

Saber mi lugar… Con la puerta abierta y el apartamento vacío, las pocas cosas en mi maleta de plástico negro, y, a la espalda, mi guitarra… Sentado sobre la cama deshecha contemplo la negrura del pasillo… Debería rendirme ya de una vez, son tantas guerras en mi alma, tantas batallas cruentas en mi corazón, tantos olvidos, tantos dolores…siempre es doloroso arrancar de nuevo, empezar otro camino y otra habitación, otros brazos, otros olores… Debería…o, como siempre, con ese miedo cerval, continuar mi ruta hacia ninguna parte con esas paradas esporádicas en tugurios de mala muerte; una cena por una sesión de viejas canciones, una copa a veces   cuando me piden una canción, una noche de lujuria cuando alguien se conmueve conmigo o solo doy lastima. Quedar, asentarme o seguir. Es la pregunta, es la duda en medio de una puerta abierta y una maleta vieja   en el suelo. Pierdo la noción del tiempo, no se cual es mi lugar en este mundo, ni mi donde, ni cuando, ni porque… L...

En el cruce de caminos hay un peto de ánima,

En el cruce de caminos hay un peto de ánima, un “cruceiro” de granito realizado de una sola pieza y una gran higuera, amarillenta y ya medio mustia. Cuando sale el sol ilumina el cruceiro con una luz rojiza, casi de sangre. La sombra se alarga de forma inconmensurable hasta la entrada en una gruta media perdida en la ladera verde de la loma. Cruz de sombras sobre una sima siniestra.   Conforme el sol va navegando por el cielo la sombra se acorta como dejando un rastro extraño sobre la hierba. Si uno se fija bien parecen millones de pequeñas cruces pintadas en la hierba quemada.   Prácticamente no pasa nadie.   Hay un silencio ominoso, una ausencia de ruidos como si la vida evitase el lugar.   La higuera, al caer la noche, como árbol maldito, sin frutos, tiene sombras que se mueven aleteando entre las ramas. A menudo brillan ojos luminosos, violetas, en esos vuelos. Son extraños seres volando sin atreverse a   salir de la protección del árbol, c...