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Soledad III.

Soledad III. Lo reconozco, me gusta la soledad. Cuando llega la hora de mi trabajo, en la soledad de la noche, soy feliz. Cojo un libro y leo; pongo un poco la músico y bailo; cojo el bocadillo y el zumo y como y bebo. La vida es feliz en la soledad de mi trabajo. No hay interrupciones, no hay quejas de clientes, no hay gritos de dolor....solo, a veces, se me amarga un poco la vida cuando llega un pequeño ataúd blanco a la funeraria, en mi turno.

Soledad II.

Soledad II.   La soledad es blanca como la niebla que te envuelve, y te pierde y es negra como la noche que te desconcierta, te pierde en el espacio y en el tiempo. La soledad es falta de amor, es hija de la incomprensión, hermana de la incomunicación. Hasta hay dolor en la soledad, duele el corazón, duelen los riñones, duele el alma desconocida. Y es rebelión contra el silencio que te oprime, es revolución contra el tiempo que no pasa, tiempo casi eterno, es lucha contra tus indecisiones-decisiones. Querer y no querer. Poder y no poder. En la soledad te enfrentas a tus miedos y a tus terrores pero la mano de tu madre no deja que salgas de ella, escapando de la sala del dentista.

Soledad I.

 Soledad I. Cuando hablamos de la soledad imaginamos un paisaje desierto, sin gente, rodeados de la selva por todas partes, sin saber a dónde ir o que camino escoger. O una isla paradisiaca en la que no hay nadie......sin embargo esas no son la soledad; la verdadera soledad es estar solo en medio de la multitud de la Gran Vía, solo, desconectado de todo y todos, sin saber tu destino, sin atreverte a acercarte a una persona y decirle: "guau, guau, guau......".

Noche de Todos los Santos.

Noche de Todos los Santos. Como en toda transición entre estaciones, la de invierno, los celtas (como muchos otros pueblos antiguos) celebraban el “Samhain”, fiesta de transición y que se aprovechaba que los límites físicos y espirituales se debilitaban tanto que podían permitirse el paso de los difuntos a nuestro mundo y tiempo. El que coincida con nuestra fiesta de “Todos los santos” no es casualidad, hay que recordar la tremenda similitud entre la vieja religión celta y la cristiana; hay que recordar que la gran mayoría de los druidas se pasaron al cristianismo y fueron de los más fervorosos fieles. Ayudó, por supuesto, el hacer la oposición a la religión tan aberrante de los romanos. En esa noche en la que los muertos podían caminar entre los vivos la gente del pueblo tenía la oportunidad de reunirse con sus antepasados, con sus muertos familiares. ¡Qué mejor que una cena familiar! Se ponía una luz en la ventana abierta para señalarles el camino (de ahí las calabazas vacías c...

Misterios.

Misterios... 1.- Misterios, misterios, misterios… La juventud tiene unas cosas…todo empezó con la devolución del recibo del colegio del mes de Marzo por el banco, una chorrada. A veces la vida se complica con una simple idiotez, la devolución por parte del banco de un simple recibo de sesenta euros, cosas del sicólogo, el seguro escolar y demás. La llamada de la secretaría de la escuela diciéndole y que por favor enviasen el dinero por medio de la niña. Sin más, fácil, sin problemas. Le dieron el dinero a la niña para que lo pagase y pasaron las semanas, tres, por puntualizar. La cría dijo que ya lo había pagado ¿el recibo? No se lo habían dado, que lo pediría al día siguiente. Ni día siguiente, ni la siguiente semana, ni nada, vino la semana santa y las vacaciones respectivas. Se reanudaron las clases y nada de nada, ya era otro mes, Abril aguas mil y todas caben en un barril. La madre ya cabreada le exigió que lo pidiese y se lo prometió, alguna colleja debió de haber por medio...

La caja mágica...

Necesidades, sueños, deseos. Pelearon por la caja mágica que concedía tus deseos. Atravesaron selvas llenas de peligros. Cruzaron ríos bajo puentes de lianas peligrosos. Corrieron escapando de avalanchas de rocas y polvo, el temible simún del desierto. Huyeron de las horribles hormigas rojas, por poco. Se salvaron de las pirañas famélicas….llegaron a su final. Una cueva excavada en la roca. En su centro un ara de pizarra negra. Sobre ella, en el centro, alumbrada por siete cirios blancos encendidos con una luz trémula que formaba sombras amenazantes. De esas sombras se alzo un hombre con una túnica roja. Alto, mas de dos metros; terrible, con la mirada de la sabiduría en sus ojos tristes. Les saludo con un inclinación de la cabeza y, sin preguntarles porque estaban allí, les pidió que dijeran para que querían la caja. La doctora le dijo que era para devolverla a sus dueños, los viejos y pobres allende de la montañas. El ayudante que necesitaba conseguir un puesto de profeso...

Tocando fondo.

Tocando fondo.   Se ha levantado con una gran tristeza, le pesa hasta el alma que le duele como si estuviese lacerada por cristales de hielo. No hay nada nuevo que la provoque pero todo le parece gris, negativo, lleno de pesimismo, como si no estuviera en su tiempo real, en su mundo, rodeada de su familia. Envuelta en un aura negra amenazante se ha enfrentado al día. Solo un día más.   Cada palabra que le dirigen en la escalera, incluso el simple saludo de todos los días de los mismos vecinos de siempre,   se vuelve amenazadora, ofensiva   y su respuesta, anormalmente lenta, hoy es brutal, directa, ofensiva. Hace daño porque puede y le dejan por imposible.   El café del desayuno, en el mesón de la costumbre de años y años, le supo mal lo mismo que las mantecadas y las galletas integrales. Peor que una bomba en el estomago que le causo acidez y gases. Mas que comió se obligo a tragar todo como una penitencia impuesta por sabe dios que oscuros pecados ...