Comer una luna.
Comer una luna. Es de noche, ya has cenado de forma sustanciosa. Estas bien, cómoda, feliz. El niño juega con canciones de otro mundo al tiempo que hace gestos que son más un baile que otra cosa. Son manos que se mueven al ritmo escondido en el centro del mundo con los brillos de volcanes en sus ojos azules. La luz artificial esconde arrugas en los rostros. El niño se habla y se responde; se cuenta chistes vagos y se ríe de sí mismo al tiempo que me mira, a mí, su madre…. Carita de luna llena, pálida como la perfección de la crisálida y el renacer tras la noche. Se abre la ventana. La luna oronda y plena. Creando mundos ilusorios. El niño juega con la luna que se pierde entre sus regordetes dedos llenos de celulitis infantil. Luna plena y huidiza. Apetitosa, casi de queso, añorados por las hueste de hambrientos ratones de ciudad. Me la ofrece estirando sus brazos con una amplia sonrisa. Se la quito rápido. Le rio. Me como la luna ante su atónita mirada. Sabores ...