Las hormigas.
Gira la rueda del destino en el sentido de la agujas del reloj. Gira sin parar, sin detenerse, siempre constante a su ritmo de triturar hechos, dramas personales, encuentros sorpresivos y recuerdos. No hay obstáculos que la detenga, ni compasión por las pobres hormigas que, en el fondo somos todos en este bellos planeta llamado hormiguero, perdón, llamado Tierra.. El regalo en papel de plata y oro fue una sorpresa, una gran sorpresa. La sonrisa amplia de oreja a oreja del niño, apenas siete años, se perdió cuando intento saber que era aquello (los papeles del envoltorio ya estaban por el suelo y la abuelita con sus achaques y lumbalgias recogiéndolos con la paciencia de años y años). En la caja se veían cientos de hormigas en su hormiguero, hormiguero especial traslucido, como en un corte vertical, en una masa como gelatinosos llena de galerías mientras, por los huecos excavados, los pobres bichitos se afanaban por vivir y seguir viviendo preguntándose que serian aquel gran ojo...