Lo vi venir a lo lejos
Lo vi venir a lo lejos. Solo un hombre, un pobre hombre incomprendido y zarandeado por la vida, destrozado por la búsqueda y la esperanza, que siempre es lo único que le queda, de encontrarla. Serian las dos de la madrugada en la Dehesa. Allí estábamos toda la panda. Los cinco de siempre nada más que con nuestras botellas de vodka y la coca cola como una simple excusa; algún petardo en el bolsillo pues el resto ya estaba fumado y bien fumado. Las sombras de los árboles del parque y la noche en si nos creaban el ambiente necesario de complicidad y dejadez. Estábamos en las sombras, éramos sombras. Decíamos tonterías, y nos reíamos de más tonterías. Maduro, en los cincuenta y tantos o algo más, bien vestido con su camisa azul de manga corta, pantalón vaquero y unos zapatos del montón. Más bien grueso, de buenas espalda y llena su cara de arrugas que le daban un toque hasta distinguido, del abuelo que todos quisiéramos tener algún día. Primero pasó por el grupo de los gitanos....