Comer una luna. Es de noche, ya has cenado de forma sustanciosa. Estas bien, cómoda, feliz. El niño juega con canciones de otro mundo al tiempo que hace gestos que son más un baile que otra cosa. Son manos que se mueven al ritmo escondido en el centro del mundo con los brillos de volcanes en sus ojos azules. La luz artificial esconde arrugas en los rostros. El niño se habla y se responde; se cuenta chistes vagos y se ríe de sí mismo al tiempo que me mira, a mí, su madre…. Carita de luna llena, pálida como la perfección de la crisálida y el renacer tras la noche. Se abre la ventana. La luna oronda y plena. Creando mundos ilusorios. El niño juega con la luna que se pierde entre sus regordetes dedos llenos de celulitis infantil. Luna plena y huidiza. Apetitosa, casi de queso, añorados por las hueste de hambrientos ratones de ciudad. Me la ofrece estirando sus brazos con una amplia sonrisa. Se la quito rápido. Le rio. Me como la luna ante su atónita mirada. Sabores ...
Atajo. Te has quedado en la cama más tiempo del debido, esos diez minutos después de sonar el despertador que te das como un regalo, se pasaron de pronto de forma mágica en más de media hora. Vas a llegar tarde a la reunión, esa de la que dependerá tanto tu futuro dentro de la empresa y la consideración de tu trabajo. Te levantas corriendo, asustado. N te duchas. Un afeitado rápido, una pasada del cepillos por los dientes, la ropa del día anterior, no desayunas y te lanzas al garaje donde el coche está mal aparcado y otro le impide la salida correcta. No importa, no puedes perder tiempo, entras en el, dejas tu cartea en el asiento del copiloto y arrancas. Sabes que puede hacerlo, escaso sitio, hay que maniobrar peor no puedes perder más tiempo, el tiempo es oro y, en este caso, platino o plutonio radiactivo. Das marcha atrás, un poco adelante y girando a la derecha. Marcha atrás para la izquierda. Marcha normal par la derecha y ya vez que puedes salir. Eres un genio. Sales no sin...
Prometí, un día, contar la historia mágica de mis abuelos, por parte de madre. Aquí va. Mi abuelo se llamaba Federico, estaba emparentado de forma directa con los Marqueses de XXXXX de XXX de quienes, decía el, era el primogénito y heredero. Si queréis un semblante de él, el de un típico gentleman ingles, educado, culto, serio con una pizca de humor. Sabia de todo, un hombre culto, con respuestas para todo y un ingles perfecto. Mi abuela se llamaba Maruja y era todo lo contrario, una mujer de pueblo, más bien grandota, basta, un desconocimiento de todo pero una buena ama de casa, sobresalían unas manazas inmensas con las que amasaba el pan. Maruja adoraba a su marido, lo llevaba en palmitas, lo atendía con un mimo casi enfermizo y él se dejaba hacer. A mi abuelo Federico lo tengo asociado con su enorme y valiosa biblioteca en su despacho de mesa de caoba tallada a mano que era su posesión mas preciada, tenia varias ediciones maravillosas del Quijote, un joya ilustr...
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