Puertas cerradas a mi paso.
Puertas cerradas a mi paso.
Hay
silencios que duelen,
Hay
silencios que forma el viento
Otros los
marca el ritmo del corazón
Puertas que se cierran, un portazo tras otro.
Sonido ocre
en la esquina de la memoria.
Son silencios
escondidos tras muros de gasa.
El lápiz no
rasga el papel y no deja huellas.
Las puertas
son un camino a ninguna parte.
Una negación.
El pasillo es largo, inmenso,
Lleno de telarañas
y olvidos, de butacones
Rojos como
el pasado, rotos,
Con las
muñecas de infancia sucia.
Sucios como
los pensamientos de los diecisiete.
Otra más.
Delante. ¿Cuál es el camino?
Todo
cerrado. No hay ruidos, ni vida, ni movimiento.
Macetas sin plantas
agonizan en rincones olvidados.
Pisas
baldosas desvaídas de otro tiempo.
Un cuadro
caído, una ninfa, un sátiro.
Un atrás, un
delante. Iguales, simétricos.
El pasillo
recuerda la salida de una boda
Pero hay
silencios
Todo es
silencio
Oprime el
silencio
Pesa el silencio
Como una
losa mortuoria.
Todo
cerrado, la luz se niega, sombras.
Una escalera
escondida en el rabillo del ojo derecho.
Paso a paso
sobre tumbas de polvo enamorado.
Arrastras horas y días como caminos a deshora.
Avanzas como
zombis de ojos fijos y manos desnudas.
El pasillo
es una cuesta pesada y grave,
Parece
interminable como en una pesadilla grotesca,
Tus brazos bracean
en un mar de dudas razonables,
Tu boca
aspira un oxigeno que le cuesta
Frio y
exiguo…
La escalera
es una decisión
Subir, volver,
cambiar, huir, un atrás abajo y un delante arriba
Parecen
teclas de un piano intruso y feroz,
Son dientes
de fiera que se comen la saliva y esperanza
Subir… ¿subimos?...todo
tira de nosotros
Nos hacemos pesados y onerosos
Subir, como
si volásemos a plomo, a sedal, a balanza partida
Estamos pesados,
más aun, y pesan y dolor y llanto
Rio de lágrimas
que fluye…
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