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Mostrando entradas de octubre, 2026

Soledad III.

Soledad III. Lo reconozco, me gusta la soledad. Cuando llega la hora de mi trabajo, en la soledad de la noche, soy feliz. Cojo un libro y leo; pongo un poco la músico y bailo; cojo el bocadillo y el zumo y como y bebo. La vida es feliz en la soledad de mi trabajo. No hay interrupciones, no hay quejas de clientes, no hay gritos de dolor....solo, a veces, se me amarga un poco la vida cuando llega un pequeño ataúd blanco a la funeraria, en mi turno.

Soledad II.

Soledad II.   La soledad es blanca como la niebla que te envuelve, y te pierde y es negra como la noche que te desconcierta, te pierde en el espacio y en el tiempo. La soledad es falta de amor, es hija de la incomprensión, hermana de la incomunicación. Hasta hay dolor en la soledad, duele el corazón, duelen los riñones, duele el alma desconocida. Y es rebelión contra el silencio que te oprime, es revolución contra el tiempo que no pasa, tiempo casi eterno, es lucha contra tus indecisiones-decisiones. Querer y no querer. Poder y no poder. En la soledad te enfrentas a tus miedos y a tus terrores pero la mano de tu madre no deja que salgas de ella, escapando de la sala del dentista.

Soledad I.

 Soledad I. Cuando hablamos de la soledad imaginamos un paisaje desierto, sin gente, rodeados de la selva por todas partes, sin saber a dónde ir o que camino escoger. O una isla paradisiaca en la que no hay nadie......sin embargo esas no son la soledad; la verdadera soledad es estar solo en medio de la multitud de la Gran Vía, solo, desconectado de todo y todos, sin saber tu destino, sin atreverte a acercarte a una persona y decirle: "guau, guau, guau......".

Noche de Todos los Santos.

Noche de Todos los Santos. Como en toda transición entre estaciones, la de invierno, los celtas (como muchos otros pueblos antiguos) celebraban el “Samhain”, fiesta de transición y que se aprovechaba que los límites físicos y espirituales se debilitaban tanto que podían permitirse el paso de los difuntos a nuestro mundo y tiempo. El que coincida con nuestra fiesta de “Todos los santos” no es casualidad, hay que recordar la tremenda similitud entre la vieja religión celta y la cristiana; hay que recordar que la gran mayoría de los druidas se pasaron al cristianismo y fueron de los más fervorosos fieles. Ayudó, por supuesto, el hacer la oposición a la religión tan aberrante de los romanos. En esa noche en la que los muertos podían caminar entre los vivos la gente del pueblo tenía la oportunidad de reunirse con sus antepasados, con sus muertos familiares. ¡Qué mejor que una cena familiar! Se ponía una luz en la ventana abierta para señalarles el camino (de ahí las calabazas vacías c...